Categoría: Libros

Ladrillos de mazapán

"Mire señora, no es fácil construir una casa de caramelo. Las tejas de mazapán llevan mucho de horneo y el aislante de regaliz se está poniendo por las nubes. Y hablando de las nubes, el acolchado de nubes de algodón que quería no asienta nada bien con el recubrimiento de láminas de chocolate. Yo que usted cambiaba los cimientos de chicle ácido por un buen encofrado de palotes y chupachups, pero claro, para eso lo menos tardamos seis o siete meses más"

La bruja estaba desesperada, la casita todavía no estaba ni medio terminada y Hansel y Gretel ya habían empezado la universidad.

¿Bailamos?

La hermanastra se miró en el espejo. Llevaba su mejor vestido de seda de chinchilla y los zapatos de piel de camaleón que cambiaban de color. Satisfecha, continuó aplicándose el grueso maquillaje de polvos de arroz basmati de Tahití y pensó que en este cuento no se le iba a escapar el príncipe. Hasta había puesto a Cenicienta a trabajar de camarera en la fiesta  para que en esta ocasión no la pudiera transformar esa entrometida hada madrina.

Pero una vez más, a la hora de escoger pareja para el baile, el príncipe volvió a fijarse en la camarera llamada Cenicienta, ya que era la única entre todas esas muchachas demasiado maquilladas, a la que se le podían ver los hoyuelos al sonreír.

La fórmula

 

 

 

 

Merlín mezclaba y remezclaba extraños mejunjes en su caldero, las llamas llenaban de sombras las paredes de la cueva, insólitos olores espesaban la atmósfera. El mago resoplaba y lanzaba maldiciones al techo:

" ¡ Recontracuernos de narval ! "

"¡ Pústulas de ala de murciélago ! "

"¡ Recórcholis mohosas !"

" ¡¡¡¿¿POR QUÉ NO ME QUEDARÁN LAS ROSQULLAS COMO A MI MAMÁ  ??!!! "

Cuestión de gustos

Cenicienta miró muy, pero que muy enfadada a su hada madrina. Observaba una y otra vez los zapatitos de cristal y no daba crédito a lo que veía. Por más que lo intentaba se le antojaba totalmente imposible. Al final no pudo callarse y le dijo a su hada madrina que, con esos zapatos de cristal, no había manera humana de jugar un buen partido de fútbol.

*Cuento publicado por juguettos en su catálogo de navidad 2011.

Me lo pido

La niña quería tener una mascota, pero cuando sus padres le llevaron al centro de acogida de animales no quiso adoptar un perrito, tampoco un gatito, ni siquiera quiso adoptar un loro que sabía decir "buenos días" del derecho y del revés. La niña se empeñó en adoptar una pequeña y extraña lagartija roja y no paró hasta que sus padres aceptaron llevarla a casa.

Y el problema no fue que la lagartija se hiciera cada día más y más grande.

El problema no fue que a la lagartija le salieran alas y volara por el salón despeinando a las visitas.

El problema ni siquiera fue que escupiera fuego por la boca.

El problema fue cuando el dragón creció y dijo que de profesión, quería ser bombero.

*Cuento publicado por juguettos en el catálogo de navidad 2011

Recuperamos el mundo

La reina iba a darse un baño, pero había perdido el tapón de la bañera y el agua empezó a colarse por el desagüe. El problema es que tras el agua se coló la cortina, y despúes la ducha, las toallas, el baño, el castillo... al castillo siguió la ciudad y hasta el mismo desagüe se coló por el desagüe.


El mundo había quedado vacío y blanco como una hoja de papel, todos se miraban sin saber qué hacer para recuperarlo. Bueno, todos no, los niños miraron a los asustados mayores y, resueltos, sacaron de sus bolsillos los rotuladores.

¿Juegas?

 

 

Harry Potter y alguna curiosidad sobre su padre y padrino

¿Quién es el mago más famoso? No hay ninguna duda, es nuestro amigo Harry Potter, que después del éxito de las  7 novelas escritas por J.K. Rowling y de las todavía más exitosas películas ha pasado a ser el mago más famoso relegando a un segundo plano al gran Merlín.

Harry Potter y las reliquias de la muerte (parte 1) está basada en la primera parte del último libro de esta saga. La buena noticia es que todavía queda una película más con la que disfrutar de las aventuras de Harry, Hermion y Ron. Los tres personajes que han crecido en el cine al mismo tiempo que sus personajes y que nos han acompañado, durante los últimos 10 años llenándonos de magia y aventuras.

Pero lo mejor que tienen estos estudiantes de Hogwarts es que puedes disfrutar de ellos: leyéndolos, viéndolos en el cine, jugando con los videojuegos de sus aventuras o encontrando curiosidades en internet, como la que he encontrado y que me ha parecido muy sorprendente, porque sí que he leido los 7 libros y sabía de los otros tres libros adicionales que aparecen en las historias de Harry:

  • Quidditch a través de los Tiempos (2001)
  • Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos (2001)
  • Los Cuentos de Beedle el Bardo (2008)

Pero desconocía de la existencia de una Precuela que escribió JK Rowling con fines benéficos en una postal que fue subasta en 2008 y de la que fueron publicadas, en el website oficial de Waterstone's a las 6:00am (Hora de Londres) del 11 de Junio de 2008,  las dos imágenes de la hoja con la precuela, y de la que a continuación podéis leer la traducción:

"Tomado de la precuela que no estoy escribiendo, pero que fue divertida! JKR 2008″

- Lado 01 -

La motocicleta tomaba velocidad y dobló en la esquina tan rápido en la oscuridad que ambos oficiales de policía en la patrulla de persecución gritaron "¡Guau!". El sargento Fisher aplastó su pie contra el freno, pensando que el muchacho que conducía de seguro estaría bajo sus ruedas; sin embargo, la motocicleta hizo el giro sin lanzar a ninguno de sus pasajeros, y con un guiño de su parte posterior, de luz roja, desapareció por el lado angosto de la calle.

¡Ya los tenemos! -gritó el oficial Anderson, emocionado- ¡Ese es un callejón sin salida!
Apoyándose en el timón y apretando sus neumáticos, Fisher rayó la pintura del costado del auto mientras lo forzaba a través de la angosta calle en la persecusión.
Ahí en las luces estaba sentada su presa quieta por fin luego de una carrera de un cuarto de hora. Los dos pasajeros estaban atrapados entre una alta pared de ladrillos y la patrulla de policía, que estaba ahora frente a ellos como un predador rugiente con ojos luminosos.

Había tan poco espacio entre las puertas del auto y las paredes del callejón que Fisher y Anderson tuvieron dificultades para salir del vehículo. Les hería la dignidad tener que desplazarse cuales cangrejos hacia los malandrines. Fisher arrastró su generosa barriga a lo largo de la pared, arrancando botones de su camisa en el camino y arrancando finalmente el espejo del costado del auto con su retaguardia.

- ¡Bájense de la moto! -gritó a los sonrientes jóvenes, quienes estaban sentados bañándose en la brillante luz azul, como si lo disfrutaran.
Hicieron lo que les habían pedido. Una vez libre del espejo roto del auto, Fisher los miró. Parecían ser adolescentes. El que había estado conduciendo tenía el cabello largo y negro, y su insolente buena apariencia le recordaba desagradablemente al vago guitarrista, novio de su hija. El segundo también tenía el cabello negro, aunque era corto y se paraba en todas direcciones. Usaba lentes y sonreía abiertamente. Ambos vestían camisetas que llevaban una gran ave dorada, sin duda el emblema de alguna desafiante banda de rock sin afinación.
- ¡Sin Cascos! -gritó Fisher, señalando de una desprotegida cabeza a la otra, - ¡Exceso de velocidad... y una gran cantidad!
De hecho, la velocidad registrada había sido mucho mayor de la que Fisher habría estado dispuesto a aceptar que alguna motocicleta podría alcanzar,- ¡No detenerse ante la policía!

- Lado 02 -

- Nos habríamos detenido a conversar, -dijo el chico de gafas- sólo que estábamos tratando...
- ¡No te hagas el listo! ¡Ustedes dos estan a punto de estar en problemas! -dijo Anderson con sorna- ¡Nombres!
- ¿Nombres? -repitió el conductor de cabello largo- Ehm, bueno, veamos. Están Wilberforce... Bathshebba... Elvendork...
- ¡Y lo que es mejor de ese nombre es que puede usarlo para un niño o una niña! -dijo el chico de gafas.
- ¡Oh! ¿NUESTROS nombres, quiso decir? -preguntó el primero, mientras Anderson casi escupía de la rabia- ¡Debió haberlo dicho! Este de aquí es James Potter, ¡y yo soy Sirius Black!
- Esto se va a poner seriamente negro para ustedes en un minuto, pequeñajos insolentes de...
Pero ni James ni Sirius prestaban atención. De pronto estaban alertas como sabuesos, mirando detrás de Fisher y Anderson, hacia el techo de la patrulla de policía, hacia la oscura boca del callejón. Entonces con idénticos movimientos fluídos llevaron sus manos a los bolsillos traseros.
Por espacio de un latido de corazón ambos policías imaginaron armas asomándose ante ellos, pero un momento después vieron que los motociclistas no habían sacado más que...
- ¿Baquetas de batería? -dijo Anderson, casi riendo- Par de bromistas, ustedes dos ¿no? Bien, los arrestamos bajo los cargos de...

Pero Anderson nunca terminó de nombrar los cargos. James y Sirius habían gritado algo incomprensible y varios haces de luz se movieron.
Los policías se volvieron, y luego casi cayeron hacia atrás. Tres hombres estaban volando -realmente volando- en escobas fuera del callejón, y al mismo tiempo, el auto-patrulla se levantaba en sus ruedas traseras.
A Fisher le temblaron las rodillas y cayó sentado; Anderson tropezó con las piernas de Fisher y cayó sobre él con un fuerte ¡plum! ¡bang! ¡crash! Oyeron a los hombres en las escobas estrellarse contra el auto levantado y caer, aparentemente sin sentirlo, al suelo mientras pedacitos rotos de escobas cayeron al rededor de ellos.

La motocicleta ya estaba encendida y rugiendo nuevamente. Con la boca aún abierta, Fisher logró obtener fuerzas para volver a mirar a los jóvenes.
- ¡Muchas gracias! -gritó Sirius sobre el ruido del motor- ¡Les debemos una!
- ¡Si, un gusto conocerlos! -dijo James,- ¡Y no lo olviden: ¡Elvendork! ¡Es unisex!

Hubo un golpe que hizo temblar la tierra y Fisher y Anderson se abrazaron atemorizados; su auto acababa de caer nuevamente al suelo. Ahora fue el turno de la motocicleta de rugir. Ante los incrédulos ojos de los policías, la moto se alzó a los cielos: James y Sirius se alejaron hacia el cielo, la cola de luz brillando tras ellos como un rubí desvaneciéndose.

De la Precuela en la que NO estoy trabajando... ¡pero que fue divertida! J. K. Rowling 2008

Por qué vuelan los aviones

Cuento escrito por Juan Carlos Garrido del Pozo.

Si hay algo que le guste a Adrián son los aviones. Por supuesto que también le agrada jugar al fútbol, comer con las manos, hacer puchas con el barro o lanzarse cabeza abajo por el tobogán, pero lo que le hace disfrutar de verdad es ver volar a los aviones. Adrián vive muy cerca del aeropuerto y, nada más despertarse, levanta su persiana y los ve aterrizar, tan lentos y decididos, como si estuviesen colgando de una cuerda invisible que los condujese directos hasta la pista. Una vez, que su clase salió de excursión, les permitieron tirarse por las tirolinas; aunque al principio le daba un poco de miedo, al final le divirtió la sensación de estar suspendido en el aire y llegar hasta el otro extremo de la cuerda, justo como si fuera un avión aterrizando.

Además de encantarle los aviones, Adrián es un niño que no se puede aguantar sin saber una cosa. Es como si un mosquito le hubiese picado dentro de la cabeza y le causase una especie de picor que no puede aliviar más que preguntando hasta obtener una respuesta que le convenza por completo.Y está deseando preguntárselo a su papá. Su papá está trabajando y no vuelve hasta tarde. Aunque se muere de sueño, aguarda hasta que por fin llega para preguntárselo.

- Papá, ¿por qué vuelan los aviones?
El padre de Adrián es ingeniero, y le da una respuesta que no entiende en absoluto: no sé qué dice de corrientes de aire y de presiones. Adrián sabe que su papá se pasa el día pensando y se imagina que estará tan cansado que no atina a explicarse bien. Cuando él se encuentra agotado, también le sucede lo mismo y, si intenta jugar con la peonza, en lugar de bailar sobre la punta, rebota contra el suelo de cualquier modo y da volteretas. Por eso se lo vuelve a preguntar por la mañana, cuando se despierta.

- Papá, ¿por qué vuelan los aviones?
- Es algo demasiado complicado para un niño, hijo, ya lo entenderás cuando seas mayor.
Es vergonzoso que su papá haya utilizado esa treta tan sucia, la misma que emplean siempre los mayores cuando no quieren explicarte algo. Adrián no se cree que si ahora, que tiene todo el día para pensar, no consigue comprender algo, vaya a poder lograrlo de mayor, cuanto se pasará todo el día igual de ajetreado que sus papás. Pero tampoco se va a conformar con esta respuesta, y prueba suerte con su profe.
- Oye, Esther, ¿por qué vuelan los aviones?
- Porque tienen alas.
- Ya, pero mi avión de juguete, que también tiene alas, no vuela: si lo tiro, se cae al suelo como si fuera una piedra.
- Claro, porque es de juguete. Si fuera de verdad, sí que volaría.
- Pero, ¿por qué?
El caso es que incluso su profe, que siempre parece saberlo todo, tampoco es capaz de explicárselo. Igual que sucede cuanto te pica un mosquito y, cuanto más te rascas, más grande se hace el grano y más te pica, cuanto más preguntaba Adrián y no obtenía respuesta, más crecía su curiosidad.

El sábado, fueron al pueblo para ver a los abuelos. Aunque el abuelo no ha estudiado tanto como su padre (que muchos días todavía estudia en casa, unos libros enormes con unas letras diminutas) el abuelo sabe muchas cosas que éste ignora, como los nombres de los árboles y de los pájaros, o cuándo va a llover o granizar, así que decide intentarlo con él.
- Dime, abuelo, ¿por qué vuelan los aviones?
- Pues porque tienen alas.
- Pero mi avión de juguete tiene alas y no vuela.
- Es que los aviones también tienen motor. Si tu avión de juguete tuviese motor y fuera tan deprisa como los de verdad, seguro que volaría.
Aunque la explicación del abuelo le parece la mejor de todas las que ha recibido, tampoco acaba de convencerle por completo. Sería fantástico acoplarle un motor a su avión de juguete y comprobar si de veras volaba, pero eso suena que debe ser dificilísimo. De repente, se le ocurre una idea genial: aunque no sea capaz de colocarle un motor a su avión, si que puede lograr que vaya realmente deprisa. Coge su avión y se va a ver a Javi, un niño del pueblo que tiene diez años y es capaz de correr a más velocidad que nadie con su bicicleta; además, es el único que sabe pedalear sin agarrar el manillar con las manos, y podría levantar el avión bien alto, para ver si echa a volar.
Javi se encuentra aburrido, y no le importa ayudarle con su experimento. Toma su bicicleta, y los dos se van a la cuesta más empinada de todo el pueblo. Adrián se queda esperándole en la mitad de la bajada.
- ¡Allá voy!
Javi pasa a su lado a una velocidad endiablada.
- ¡Suéltalo ya, a ver si vuela!
En vez de hacer lo que le pide Adrián, Javi mete la rueda en una grieta del camino y la bicicleta, el avión y el mismo acaban volando y dando vueltas a la vez, un resultado tan extraño que ni le quita la razón al abuelo ni se la termina de dar.
Unos días mas tarde, se acabó el cole y llegaron las vacaciones. Además de esta noticia tan fantástica, su papá le obsequió por la noche con otra mejor: no sólo se iban a ir una semana a la playa, sino que lo iban a hacer en avión. Los días que restaban hasta el viaje, Adrián se encontraba tan nervioso que no era capaz de pensar en otra cosa, y su grano imaginario crecía y crecía.
Por fin llega la ocasión. Nada más entrar al avión, se encuentran a un señor vestido con traje azul.
- Oiga, señor, ¿es usted el piloto?
- Claro que sí, caballerete.
- ¿Y por qué vuelan los aviones?
- Esta es una pregunta buena de verdad, pero, en vez de responderte y si te lo permiten tus papás, dejaremos que lo compruebes por ti mismo.

Aunque le cuesta un poco de trabajo convencer a su mamá, al final acaba sentado en la cabina, justo detrás de los pilotos.
- Ayudante Adrián, ¿está usted listo?
- Estoy preparado.
El avión comienza a acelerar y despega. Entonces, Adrián lo comprende todo: no es el avión el que vuela, sino que es el suelo el que se queda atrás, permitiendo que el avión repose en su lecho de nubes.