Érase una vez un niño al que sus padres le leían cuentos en alto todas las noches. Adoraba escuchar historias e imaginar cómo eran los maravillosos mundos de papel. Desde casa viajaban a lugares lejanos y emocionantes, solo con la ayuda de un libro y algo de imaginación.

El niño iba creciendo y elegía sus libros, tomaba sus propias decisiones y cultivaba sus gustos.
Cuando se hizo mayor y gracias a que sus padres le habían inculcado el hábito de la lectura, desarrolló su creatividad, adquirió una amplia cultura general y se hizo un tipo interesante.

Moraleja: lee para ti, lee para ellos, déjales elegir sus historias y haz de la lectura en casa un hábito divertido y diario.

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