El rey ordenó que le prepararan el pastel más bueno del mundo y para eso hizo traer a todos los pasteleros del reino. 15.237 cocineros se juntaron en las cocinas de palacio a preparar los pasteles más sofisticados que pudieran salir de su imaginación: pasteles de pompas de chocolate con confeti de melón, de moras arcoíris, de limón dulce de leche, de nubes de regaliz.... Pero ninguno gustó al rey, ninguno le pareció suficiente, uno tras otro despreció. Mientras, pasaban los días y todas las pastelerías se mantenían cerradas. Los habitantes del reino no podían tomar nada dulce, ni una magadalena, ni una palmera, y en los cumpleaños tenían que poner las velas sobre la paella.
Hasta que despúes de 3.823 pasteles, los pasteleros le dijeron al rey que por fin le habían preparado el mejor pastel, y pusieron frente a él un simple bizcocho sin nada. Cuando el rey preguntó cómo un simple bizcocho podía ser el pastel más rico, le respondieeron que era el pastel que mejor le iba a saber nunca porque nunca más un pastelero le iba a hacer otro pastel. Y de esa manera se fueron todos los pasteleros de palacio a hacer la fiesta más ducle que los habitantes del reino pudieron recordar.


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