Un invento genial

Aladdín y Jasmine querían salir a cenar y le pidieron al Genio que hiciera de canguro de su hijo. El Genio aceptó encantado, pero nada más salir los padres por la puerta el bebé empezó a llorar. Lloraba y lloraba y era totalmente imposible acabar con su llanto. El Genio lo intentó de todas las maneras, se transformó en hombre orquesta, se transformó en todos los animales de la sabana, cambió de color, probó a hacerse grande grande y a hacerse pequeñito pequeñito, pero el bebé siguió llorando.

Antes de volver a su tamaño, el Genio se quedó descansando sentado en una de las barras de la cuna. Pero, en un descuido, el bebé le agarró por las piernas y se puso a moverlo de un lado a otro encantado del sonido que hacían los cascabeles del traje del Genio. Así estuvo un buen rato. El Genio acabó un poco mareado pero el pequeño dejó de llorar y terminó durmiéndose. Y así fue como en el lejano oriente se inventó el sonajero.

Minicuento publicado por juguettos en su catálogo de navidad 2011.

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